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EL LADO OSCURO DEL “BOOM” INMOBILIARIO EN CDE: Impresentables DESTRUYEN TODO para construir edificio usando CHATARRAS

Vecinos de los barrios Boquerón y Boquerón II cuestionan la proliferación de edificios de altura que, según denuncian, avanzan sin respetar las ordenanzas municipales. Una obra ubicada sobre la avenida Campo Vía genera quejas por el transporte irregular de escombros, la contaminación de las calles y la falta de información de la Municipalidad. Lo hacen chatarra que podría causar percance en cualquier momento. El supuesto propietario de la obra es Santiago Julián Ortiz Blasser, y su esposa Paloma Mereles, hija de Lucas Mereles (Yrendague Cambios), el mega lavador de dinero de la frontera. El casal impresentable es dueño de la discoteca Brooklyn o BKLYN, que genera polución sonora. Cuenta con la protección política del Clan Prieto.

Esta chatarra circulando es un peligro para todos. Recuerden lo que pasó hace días en la zona comercial.

El crecimiento inmobiliario y la construcción de edificios de altura se presentan como señales de modernización de Ciudad del Este. Sin embargo, detrás de este auge también se acumulan denuncias vecinales por supuestas transgresiones de las normas de construcción, perjuicios ambientales y una llamativa falta de control por parte de la Municipalidad, que está a cargo del Clan Prieto desde 2019.

Inclusive hay una denuncia concreta por este descontrol contra el actual intendente, Pedro Acuña, más conocido por ser el cuñado recaudador de Miguel Prieto Vallejos, exintendente destituido por corrupto.

Uno de los casos cuestionados corresponde a un edificio en construcción sobre la avenida Campo Vía, en la esquina con la calle Adela Speratti, en el barrio Boquerón II.

Los pobladores sostienen que la obra provoca una serie de inconvenientes y reclaman que la comuna informe si cuenta con planos aprobados, licencia de construcción y todos los permisos exigidos por las ordenanzas municipales.

Según las denuncias, para retirar los materiales y desperdicios de la obra se utilizan vehículos en precarias condiciones.

Durante el traslado, parte de los escombros cae sobre la vía pública, dejando residuos a lo largo del trayecto y generando contaminación, suciedad y riesgos para automovilistas, motociclistas y peatones.

Los vecinos aseguran que la situación no constituye un hecho aislado. Tanto en Boquerón II como en el barrio Boquerón se multiplican las construcciones de edificios de altura, mientras crecen los cuestionamientos sobre el cumplimiento de las normas relacionadas con retiros, estacionamientos, seguridad, impacto sobre los inmuebles colindantes y disposición de residuos.

OBRA DE IMPRESENTABLE PROTEGIDO DEL CLAN PRIETO

Santiago Julián Ortiz Blasser y Paloma Mereles.

La obra cuestionada sería supuestamente propiedad de Santiago Julián Ortiz Blasser. El dato no pudo ser confirmado en los registros municipales y catastrales correspondientes debido a que, por orden del Clan Prieto, estas informaciones son escondidas.

Pero los lugares aseguran que es propiedad de Ortiz Blasser y su esposa, Paloma Merele, quienes son los impresentables propietarios de Brooklyn Bar y Cocina.

Una discoteca que genera polución sonora, y esto ocurre porque la comuna a cargo del Clan Prieto no interviene.

Los escombros retirados de la construcción serían depositados en el predio que anteriormente funcionaba como estacionamiento de Brooklyn, ubicado a escasos metros de la obra. Los pobladores reclaman que las autoridades determinen si ese lugar está autorizado para recibir y almacenar residuos provenientes de una construcción.

SILENCIO EN LA MUNICIPALIDAD

La preocupación aumenta ante la falta de respuestas de la Municipalidad de Ciudad del Este. En la institución, según las averiguaciones realizadas, no quieren facilitar información sobre los permisos, los planos aprobados ni las fiscalizaciones efectuadas en el lugar.

La negativa a proporcionar datos alimenta las sospechas y profundiza el malestar de los vecinos, quienes cuestionan el sugestivo descuido de las dependencias municipales responsables de controlar las construcciones.

La comuna debe aclarar públicamente si la obra posee licencia vigente, si cumple los parámetros urbanísticos establecidos para la zona, si fue sometida a inspecciones y si el transporte y depósito de los escombros cuentan con autorización.

El desarrollo inmobiliario puede representar inversión, empleo y crecimiento urbano, pero no puede avanzar a costa de las normas, la seguridad y la tranquilidad de los barrios. Sin controles efectivos, información transparente y sanciones ante eventuales infracciones, el denominado “boom” de los edificios puede terminar convirtiéndose en una fuente de contaminación, conflictos vecinales y desorden urbano.

 

 

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