MANGORÉ: Más de G. 11.000 millones para un complejo que se DETERIORA entre BASURA y ABANDONO

El complejo cultural de la Gobernación de Alto Paraná, inaugurado a finales de 2022 durante la cuestionada administración de Roberto González Vaesken, presenta desprendimientos, hundimiento del pavimento y deficiencias de iluminación, según denuncias sobre su estado actual. Los cuestionamientos por presunta sobrefacturación se suman a la falta de mantenimiento y limpieza bajo la gestión de César Landy Torres, quien también tiene rótulo de corrupto.
Más de G. 11.000 millones fueron destinados al complejo cultural Mongoré, pero, menos de cuatro años después de su inauguración, el edificio ya muestra señales de un preocupante deterioro. Caños de desagüe desprendidos, sectores del cielo raso que se caen a pedazos, pavimento hundido y un cercado oxidado forman parte del panorama denunciado en una obra que debía servir a la cultura de Alto Paraná.
El complejo fue inaugurado a finales de 2022, durante la gestión del entonces gobernador Roberto González Vaesken, cuya gestión estuvo marcada por la corrupción. El mismo actualmente es rector de la Universidad Privada del Este (UPE). Su construcción es objeto de denuncias de presunta sobrefacturación, un cuestionamiento que cobra mayor relevancia ante el deterioro prematuro de las instalaciones y que requiere una revisión de los contratos, los pagos y la calidad de los trabajos ejecutados.
Se estima que el costo real es de entre 6 y 8 mil millones de guaraníes, pero terminó costando más de 11.000 millones de guaraníes.
A los cuestionamientos sobre la inversión se agrega el abandono actual.
Según la denuncia, la basura se acumula en distintos puntos del predio y ni siquiera se realiza una limpieza adecuada. La conservación del complejo corresponde hoy a la cada vez más criticada administración del gobernador César Landy Torres.
Los problemas abarcan varios sectores. Los caños de desagüe se desprenden, mientras que el camino construido con pavimento tipo paver presenta hundimientos, formando “lagunas”.

En una parte del edificio, el cielo raso pierde piezas, una situación que exige intervención para evitar que el deterioro avance y pueda poner en riesgo a quienes utilicen las instalaciones.
También se reportan malas condiciones del sistema eléctrico y una iluminación artificial insuficiente. Hay focos quemados que no son reemplazados, mientras parte del cercado presenta corrosión y hierros deteriorados. El conjunto evidencia la necesidad de una inspección técnica y de tareas urgentes de mantenimiento.

La situación plantea responsabilidades en dos etapas: la calidad y el costo de la construcción durante la administración de González Vaesken, y la conservación del patrimonio público bajo la gestión de Landy Torres. Ambos colorados y muy cuestionados.
Las denuncias de sobrefacturación deben esclarecerse con documentos y verificaciones técnicas; el abandono actual requiere medidas concretas.
La Gobernación debe explicar qué ocurrió con una infraestructura que costó más de G. 11.000 millones y qué acciones prevé para recuperarla.
Una inversión de esa magnitud no termina con el corte de cinta: exige limpieza, mantenimiento y condiciones adecuadas para cumplir su finalidad cultural.
Mientras esas respuestas siguen pendientes, Mongoré ofrece una imagen difícil de conciliar con el dinero destinado a su construcción: un complejo millonario que pierde piezas, acumula basura y se deteriora antes de cumplir cuatro años.



